Cortar el rencor en lonchas muy finas y sazonarlo con una cucharadita de perdón. Trinchar los reproches y calentar los sentimientos fríos. Reservar. Pochar los malos recuerdos hasta reducir. Añadir a una cazuela en la que tendremos -ya caliente-, una cantidad abundante de aceite de olvido y cocer a fuego lento hasta obtener una mezcla armoniosa. Emplatar y servir una generosa cantidad que regaremos con un caldo joven de ilusión que habrá fermentado en corazones maduros. Se recomienda degustar en un restaurante de al menos cien estrellas, con vistas al futuro. Recomendado sólo para comensales dispuestos a experimentar nuevos sabores.
Este micro resultó finalista en el concurso semanal de Wonderland (imprenscindible 100 palabras), fue ganador Lorenzo Rubio, y me acompañan como finalistas: Juancho Plaza, Anna Jorba, Mª Belén Mateos, Paloma Hidalgo y Virtudes Torres.





